Los seguros de mudanzas

Miles de españoles sufren cada año en propia carne la angustiosa experiencia de trasladar su casa de un domicilio a otro. Se enfrentan entonces al complejo mundo de las mudanzas, en el que hay que orientarse con brújula. Así que no vienen mal algunos consejos prácticos para conseguir que la operación resulte lo más sencilla y barata posible.

Lo primero que le interesa saber es que no debe dejarse engañar por las apariencias. El aspecto de los camiones no significa nada. Muchas veces, detrás de un “lujoso” transporte se esconden los mayores “piratas”. Igualmente es importante huir del estereotipo del representante elegante e ingenioso, ya que algunas empresas maquillan de esta forma sus enormes deficiencias.

Las asociaciones de consumidores recomiendan que, a ser posible, el traslado de los enseres se organice con una casa de mudanzas del barrio. De no optarse por esta vía, es primordial comprobar que la empresa se encuentra legalmente establecida y no olvidar nunca su nombre y sede social.

En general, el mejor baremo para enjuiciar la calidad del servicio es el cumplimiento de los requisitos legales. Uno de ellos es la realización de un presupuesto previo por escrito, que se elabora mediante la visita de un representante de la empresa al lugar de origen de la mudanza. Una vez aceptado el presupuesto, la compañía está obligada a realizar un contrato homologado, que certifica que la sociedad se haya inscrita en el Ministerio de Transportes y en el Registro de Empresas dedicadas a esta actividad. Este requerimiento garantiza la existencia de un control oficial y facilita posteriores reclamaciones.

Un buen seguro.

La empresa está obligada a asegurar la carga trasladada, para el caso de que haya roturas o pérdidas. En la actualidad, el porcentaje pagado en la prima oscila entre el 6 y el 8 por mil del valor total de la mudanza. En caso de no existir seguro, la indemnización suele hacerse por kilogramo, con el pago de 500 pesetas por kilo. Sin embargo, el cliente estará más protegido con un seguro firmado y pagado. A veces algún mueble sufre desperfectos en el transcurso de la mudanza.

Una de las grandes diferencias entre las empresas de mudanzas serias y las que operan sin garantías radica en las fórmulas de pago. Por sistema, buena parte de las compañías exigen el desembolso del 100% del importe por adelantado, aunque no se ajusta a la legalidad. El servicio ha de ser pagado al final, si bien el incremento en el número de morosos ha llevado a estas casas a imponerlo como norma.

El pago por adelantado tiene muchos riesgos. Existen innumerables casos de empresas piratas que tras cargar los enseres elevan sus tarifas, negándose a descargarlos hasta recibir el importe suplementario.

Por ley, la contratación de una mudanza está sometida a un 16% de IVA. Pese a ello, una buena parte de las compañías y de los usuarios cierran su contrato con un “pacto de conveniencia” que elude el impuesto. Dicho arreglo implica la inexistencia de una factura, y por tanto, de la posterior declaración a Hacienda.

Esta circunstancia, sin embargo, está cambiando y hoy en día más del 60% de los contratos suscritos incluye el pago del IVA. Por su parte, los empresarios europeos del sector están luchando en Bruselas para que el impuesto se reduzca al 8% .

Hay quien compara a las casas de mudanzas con un iceberg, porque tras su denominación social se esconde un emporio de actividades de gran amplitud y variedad. Al margen del empaquetado y traslado de los enseres, las empresas incluyen servicios “especiales” que recogen todos los trabajos que se salen de la normalidad, como conservación de obras de arte o de instrumentos de música, aislamiento de materiales de alto riesgo, desmontaje de locales y oficinas de complicado acceso, traslado de vestuario o mobiliario de exportación-importación…

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